Michael Aim
Fundador y CEO
El 1 de enero de 2018 entró en vigor el nuevo dispositivo prudencial del BCEAO para las entidades de crédito de la Unión Monetaria del África Occidental: una transposición de las normas de Basilea II y Basilea III, adaptada a las economías de la zona, que abarca los fondos propios, la gobernanza y la gestión de riesgos.
Ocho años después, el tema sigue vigente, y el banco central continúa invirtiendo en él: el centro de formación del BCEAO organizó todavía en marzo de 2026 un seminario regional sobre la regulación prudencial Basilea II-III, señal de que la implementación sigue siendo una tarea en curso, no algo ya consolidado.
Del texto al dispositivo
Es la trayectoria clásica de una regulación prudencial: la primera fase es declarativa, se adoptan los textos, se crean los comités, se elaboran los informes; la segunda es operativa, y es esta la que realmente importa: ¿funciona de verdad el proceso interno de evaluación de la adecuación del capital (ICAAP)? ¿Cuenta la función de riesgos con los medios que su organigrama sugiere? ¿Resistirían los dispositivos una inspección a fondo?
Entre ambas fases, la distancia es normal; lo que no lo es, es desconocerla. Una entidad que descubre sus debilidades durante la inspección las paga muy caro; la que las ha medido de antemano llega con un plan de subsanación ya en marcha, lo que cambia por completo la conversación con el supervisor.
Tres pilares, y el punto donde se atasca todo
La arquitectura de Basilea se sostiene sobre tres pilares: los requisitos cuantitativos de capital y liquidez; el proceso de supervisión prudencial, del que el ICAAP es la pieza clave del lado de la entidad; y la disciplina de mercado mediante la publicación de información. El primer pilar se calcula, el tercero se publica; es el segundo el que marca la diferencia entre entidades.
Porque el ICAAP no es un ratio, es un proceso vivo: identificación de riesgos más allá del pilar 1, escenarios de estrés, apetito de riesgo validado por los órganos de gobierno, y una conexión real entre el capital y la estrategia. Es precisamente ese carácter de proceso lo que hace tan difícil simularlo la víspera de una inspección.
Grupos regionales: el punto ciego de la consolidación
La zona ha visto surgir grupos bancarios panafricanos presentes en varias jurisdicciones, UEMOA, CEMAC y más allá, cada una con su propio supervisor y su propio calendario. En la práctica, la madurez de los dispositivos varía mucho de una filial a otra, en función de las trayectorias locales y de los equipos.
Y es precisamente la lectura consolidada la que cada vez más observan los supervisores, las agencias de calificación y los inversores. Un grupo que mide a todas sus filiales con el mismo criterio transforma un mosaico de cumplimientos locales en una trayectoria de grupo gestionable y demostrable.
Medir la madurez prudencial
Aquí es donde la lógica del marco de referencia de madurez se aplica al ámbito prudencial: descomponer cada requisito, ICAAP, gobernanza, riesgo de crédito, riesgo operacional, continuidad, en criterios observables; evaluar cada dispositivo con honestidad; y convertir las brechas en una hoja de ruta con fechas. Para un grupo bancario regional, el mismo ejercicio aplicado a cada filial ofrece además una lectura consolidada que pocas direcciones generales poseen.
Nuestro catálogo cuenta con 39 marcos de referencia dedicados a los dispositivos BCEAO / UEMOA y BEAC / CEMAC, incluida la adecuación del capital. Ocho años después de la entrada en vigor, la ventaja competitiva ya no consiste en cumplir sobre el papel: consiste en saber con precisión en qué punto se está, antes de que se lo digan a uno.